dilluns, 1 d’octubre del 2007

फ़ुलैं

Un cuento es un cuento, y la vida, una fábula constante; como la del viejo, que durmiendo en su balcón, descubre de los pájaros la canción. Nunca antes escuchóse semejante sonido. Tan armónico, tan bello. Capaz de superar el ruido de la civilización para el deleite de quien sabe escuchar.
En un parecido intento por sofocar tanta música viva, en temprana hora unos hombres, con más hedor que ropa, talaron los árboles de toda la manzana. A lo largo de ese mismo día, los pájaros deambularon por los alrededores de lo que hasta entonces había sido su hogar.
Temiéndose lo peor, el viejo lamentó haber oído la melodia y la felicidad del sentirse vivo, presagiando un doloroso silencio escondido tras el metálico latir de la ciudad. El vacío de un alma, que olvidó cómo cantar.
(...)